Aunque se nos diga que desde el momento que encendemos el televisor hasta el momento en que lo apagamos, todo lo exhibido ante nuestros ojos es cultura, no podemos compartir esa definición desde una mirada crítica, si es que no queremos seguir con ese falso paradigma conformista de que todo es cultura.
Nuestra televisión hoy en día está plagada de programas sin mayor contenido educativo y/o cultural. Diferenciemos qué es televisión cultural y/o educativa de lo que no lo es, sino vamos a estar aceptando programas con escaso contenido que solo nos servirá como sedante para acrecentar aún más la hipnosis del espectador.
Tomemos el ejemplo de los programas juveniles en horario de tarde: ¿podemos decir que estos hoy en día son parte de nuestra cultura? ¿O será que estos programas juveniles son impuestos por otras culturas y adoptados por nuestra televisión, para así darnos la ilusión de que son parte de nuestro querido Chile? ¿O tal vez sean impuestos por una clase dominante?
Basándonos en un ejemplo externo a la televisión, sería si afirmáramos que hoy en día la celebración de Halloween en nuestro país forma parte de nuestra cultura, cuando todos sabemos que no es así. Es impuesto por otro país. Es promovida por la economía de mercado existente en beneficio de las grandes empresas, atacando directamente la sensibilidad de los niños-sus hijos- creando un día más para el cual sacar dinero de su bolsillo.
LAS AUDIENCIAS
Volviendo al tema de programación cultural, en Chile “la televisión nació bajo la inspiración de una ley que ponía el acento en los factores de educación e información”, otorgando al medio un rol formativo de la sociedad. El sentido de “entretención” también era considerado, pero como una intención más bien secundaria.
Esa impronta se instaló con fuerza en la memoria colectiva y construyó una especie de demanda tácita de servicio público a la TV, que se ha ido traspasando en el tiempo y que hoy, en medio de un modelo estrictamente comercial, es reclamada con mucha fuerza por las audiencias”.[1]
Existe un problema gigante con respecto a las audiencias, y aunque estas pidan con fuerza una programación más asociada a lo cultural, el problema es el siguiente:
“Los chilenos saben que tienen una TV donde los aportes de información y el crecimiento reflexivo son raros, así como saben que necesitan de ello. Eso es lo que expresan los estudios y son los sectores más populares los que piden ‘cultura’ entendida como aporte intelectual, pues es su único medio de inclusión social”. En ese sentido, en 2005 un estudio de CNTV y Adimark arrojó que el 59% de los chilenos se declara insatisfecho con los contenidos de la televisión chilena. Sin embargo, ese mismo ciudadano es el que eleva los ratings de la programación chatarra: realities, concursos, farándula” .[2]
Con este índice es complejo el panorama y más complejo aún sería generar un cambio cultural en la demanda, tarea que no es fácil ni inmediata: en las encuestas, el público usualmente afirma desear más programas culturales, pero en los hechos a veces terminan optando por la entretención light .[3]
Ante esto, hoy en día la televisión para la audiencia se transforma en un fácil vehículo de falsas sugestiones, es vista asimismo como estímulo de una falsa participación, de un falso sentido de lo inmediato, vende sueños y falsas necesidades [4] , para hacer creer al espectador que siempre esté carente de algo material.
Pongamos un ejemplo: el público que asiste a una sala de programas de espectáculos y aplaude a la voz de mando (substituido a menudo por aplausos registrados) parece efectivamente sugerir una sociabilidad inexistente; otro ejemplo es el de la presencia agresiva de rostros que nos hablan en primer plano a través del televisor en nuestro propio hogar, en nuestra intimidad, y crear la ilusión de una relación de cordialidad que en realidad no existe.
Según palabras de Umberto Eco: “La civilización democrática se salvará únicamente si hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica, no una invitación a la hipnosis” .[5]
TELEVISIÓN ESTADOUNIDENSE
Recordemos además de lo anteriormente dicho que la televisión hoy en día se rige y vive, basándonos en la televisión estadounidense, “un régimen de competencia libre”, que intenta satisfacer exigencias mediante el rating. Los resultados de este último son objeto de una confianza casi sagrada por parte de los empresarios que regulan su participación financiera en determinados programas. A la hora de la programación cultural, estos salen arrancando.
La televisión, específicamente los que trabajan en televisión, y más específicamente aún, los empresarios que obligan a los que trabajan en televisión; saben que pueden determinar el gusto del público sin necesidad de adecuarse excesivamente a él. Y en este régimen de “libre competencia”, se adapta a la ley de oferta y demanda pero no respecto al público, sino respecto a los empresarios. La televisión educa al público según los intereses de las firmas anunciantes.[6]
EL CIUDADANO PERFECTO
Mientras todo se rija por el rating, por los contratos comerciales y si los empresarios del medio no cambian su enfoque; muy poco y casi nada se puede hacer con respecto a la programación cultural y educativa en televisión.
Y es aún más difícil cambiar y asociar esto último sobre las audiencias en sus vidas cotidianas y gustos televisivos, si en todo momento en la televisión – pasando desde programas infantiles y hasta las películas más comerciales hollywoodenses, y sobre todo la publicidad- nos están invitando o transmitiendo una visión poco crítica y poco reflexiva de la realidad y, a su vez, asociando esta visión a un modo correcto e ideal de actuar para la sociedad. Si no eres crítico y te tomas todo a la ligera, eres cool (esto es muy vendido por la publicidad).
Esta imagen poco crítica y reflexiva es la imagen del ciudadano perfecto que hoy en día se impone con fuerza por la televisión y la publicidad, a su vez, muy aceptada por gran parte de la sociedad, sin percatarse de que los únicos perjudicados con esta situación somos nosotros mismos, nuestras vidas, y aún más perjudicada es la inocencia de los niños de cualquier estatus social, en quienes la televisión de forma indiscriminada ataca sus sensibilidades desde los primeros años de vida, cuando nosotros como seres humanos empezamos a tener conciencia que ésta existe.
Lamentablemente, esta televisión que tenemos, nuestra “queridísima” televisión, gusta a gran parte de la sociedad y, sobre todo, gusta a la clase dominante porque así puede tener un público pasivo que solo se dedica a aceptar lo que ellos consideran como lo “correcto”.
PANORAMA POCO ALENTADOR
Con estos análisis, lamentablemente, es muy poco alentador el panorama; debido a que si las audiencias piden una televisión más dedicada hacia lo cultural y los resultados dicen otra cosa, si en televisión existen compromisos económicos entre emisoras de televisión y firmas anunciantes, si tenemos un elemento en nuestra casa que sirve como medio de hipnosis, y los que están al mando de las emisoras de televisión lo saben; es muy poco probable que el espacio para una televisión cultural y educativa que nos invite a reflexionar, pensar y ver las cosas desde un punto de vista más crítico, pueda tener más espacio del que hoy en día tiene.
Por ende, lo que tenemos hoy en día como programación cultural y según datos del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), nos refuerza la idea de lo poco alentador:
“Se incorporan temáticas como identidad y patrimonio a la idea de programa cultural, se suman por primera vez los concursos dentro de las temáticas de arte, ciencia y patrimonio, de corte familiar; se excluye la idea de programa periodístico, reemplazándolo por programa informativo y se extiende el horario de alta audiencia hasta las 00:30 horas los días de semana y desde las 16:00 horas a 00:30 los fines de semana.
Además los programas deben cumplir con un intervalo de no menos de seis meses entre una exhibición y otra. Es importante señalar que el mínimo de una hora semanal de programación cultural que establece la ley equivale a apenas 52 horas anuales por canal, oferta que en 2008 correspondió a un escaso 1,5% de la programación total.
Atendiendo las demandas de las audiencias, la hora semanal exigida es ciertamente insuficiente y esta obligatoriedad no se puede aumentar por ser materia de ley. También existen programas misceláneos sobre los que la audiencia hace converger entretención y educación, como es el caso de algunos concursos. Algo similar ocurre con las series y teleseries, en particular si son históricas o referidas a temas científicos, artísticos o culturales”.[7]
PARA CONCLUIR
¿Podríamos decir que el problema de la televisión, entendida como “caja tonta”, es la economía de mercado? ¿O el problema radica en el escaso enfoque educacional que se le da, pudiendo servir para familiarizar a los escolares desde edad temprana con una televisión cultural y educativa desde sus primeros años de estudio?
Estos quizás son los conflictos de raíz que se deben solucionar o modificar para hacer de esta, el espacio que las audiencias de forma paulatina están reclamando, porque la televisión abierta es, todavía, el medio de comunicación que convoca a la mayor cantidad de público, nos guste o no.
Ninguna actividad humana permite reunir a tantas personas en un mismo espacio temporal y en condiciones de máxima diversidad. Por ello, la televisión debe invitar a la equidad social, cultural y educativa desde nuestros primeros días de vida, incluso, desde la etapa escolar; pues como ningún otro medio de comunicación ella está en condiciones de enfrentar esta situación en nuestro país.
Revisando la situación familiar en nuestro país, viendo hoy en día que ambos padres trabajan, la televisión pasa a ser el primer medio de educación para el niño en el hogar. Lamentablemente hoy en día la televisión educa, pero nos educa hacia las marcas comerciales, nos educa a ser consumistas.
Esta es la educación televisiva hoy en día. Esa educación televisiva tiene que cambiar. Tiene que existir más programación cultural, que eduque hacia un bien común para nuestras vidas y para el bien común de un país, y no el bien de unos pocos, de esa minoría elitista.
Me sumo al reclamo por una televisión más cultural y educativa, igualmente, espero que al lector de esto le suceda lo mismo y que al igual que lo que ocurre con la gran cantidad de manifestaciones hoy en día por la educación en nuestro país, debiera existir una gran manifestación por un cambio real en nuestra programación en la televisión abierta, porque ésta también está para educar.
Exigimos -y me uno- una mayor programación cultural y educativa en nuestra televisión.
Por Silvio Scalpello R.
1. Valdés C, Consuelo. Consejera del Consejo Nacional de Televisión. “Mayor rol social para nuestra TV”. Columna. http://www.cntv.cl/prontus_cntv/site/artic/20110217/asocfile/20110217155407/progrmaci__n_cultural.pdf
2. Observatorio de medios Fucatel. “La tele en que vivimos”. http://www.observatoriofucatel.cl/la-tele-en-que-vivimos/. Artículo destacado. Medio online. Fecha de ingreso: 6 de agosto de 2009.
3. Observatorio de medios Fucatel. “Romper el círculo vicioso de la tele light”. http://www.observatoriofucatel.cl/romper-el-circulo-vicioso-de-la-tele-light/. Artículo recomendado. Medio online. Fecha ingreso: 19 noviembre 2009.
4. http://www.libertadexpresion.cl/2011/08/03/escuela-de-gustos-y-falsas-necesidades/. Fecha ingreso 3 de agosto de 2011.
5. Eco, Umberto. “Apocalípticos e Integrados”. Pasividad y relación crítica. Página 353. Traducción por: Andrés Boglar. Editorial Lumen, primera edición 1968.
6. Eco, Umberto: “Apocalípticos e Integrados”. La media de los gustos y la modelación de las exigencias, página 357. Traducción por: Andrés Boglar. Editorial Lumen, primera edición 1968.
7. Consejo Nacional de Televisión. “Programación Cultural: Nueva norma para canales de televisión abierta”. Extracto del texto, descargado de: http://www.cntv.cl/prontus_cntv/site/artic/20110217/asocfile/20110217155407/progrmaci__n_cultural.pdf.
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Hola. Estoy de acuerdo contigo en muchos aspectos y si, creo que la PROGRAMACION TV debe orientarse más a culturizarnos y educarnos como una sociedad más orientada al epnsamiento en comunidad y no por el contrario convertirnos en una sociedad capitalista y consumista. Sin embargo, conociendo que PROGRAMACION TV la tiene grandes falencias, no podemos desconocer qie la televisión es entretenimiento y no todo lo que se muestra puede aportar a nuestro crecimiento. Con lo que no estoy de acuerdo es con los programas o reallityes que denigran al ser humano, sólo por ganar rating. Me refiero a Jersey Shore, que verguenza de show.
Apropósito en el enlace podrán encontrar televisión de buena calidad para toda la familia.
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